Blog de notengodios

Teología

ACERCAMIENTO A CRISTO

Escrito por notengodios 17-09-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)

  Enoc Sánchez

enocsa@hotmail.com

La historia de Herminia Navarrete es verdaderamente triste. Su hija se casó con un armenio y tal como éste, ella se convirtió en Testigo de Jehová y en vegetariana. Una vez que la joven tuvo el primer hijo, la bisoña madre no le suministraba al niño la comida adecuada, dado el régimen a la que estaba sometida ella y su marido; allí comenzaron los reclamos de Herminia. El marido abandonó por un tiempo a su esposa e hijo y pasado dos años regresó arrepentido. En el ínterin del reconcilio tuvieron una niña. Tal como lo hicieron con en el primero retoño, ambos fervientes de Cristo descuidaron la alimentación de los vástagos, ante la preocupación y los reclamos de Herminia. El mayor tiempo se lo dedicaban a la oración en la Iglesia  buscando de la aproximación al Cristo Salvador. Durante varios meses su madre observó preocupada que los esposos macilentos permanecían en un extraño estado de aletargamiento y consunción, como bajo la influencia de un poderoso narcótico. Cierta vez, cuando Herminia llegó de compras, encontró a los cónyuges ahorcados pendiendo de una soga en la terraza de su casa. Un papel escrito dejaban las razones de tal determinación: “Nos alejamos de este mundo miserable para aproximarnos al elevado reino de Cristo”. Evidentemente,  la pareja se acercó al Hijo de Dios y se separó de dos niños, dejándolos en total orfandad. 


La imparcialidad de Dios

Escrito por notengodios 10-09-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)


Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Cierta mañana de frescor agradable me dispuse a llevar a mi sobrina Selene al parque zoológico. Luego de comprarle una bolsa de maní nos colocamos frente a sector donde estaban los monos disfrutando del clima agradable. No solo la niña se divertía lanzando los cacahuetes que los primates atrapaban magistralmente, yo también me solazaba al comparar el comportamiento de los simios con el de los humanos. Distinguí a uno de ellos, al más fortachón, fanfarroneando en su papel de jefe de la manada y una mona que cariñosamente le prodigaba a su monito tiernas caricias, similar a como lo hiciera una madre humana. Todo marchaba con tranquilidad hasta que adiviné que la naturaleza no fue generosa al proporcionarles a las niñas precoces una inteligencia fuera de lo común. Esto ocurrió cuando una frase interrumpió la euritmia del parque:

– ¿Tío te puedo hacer una pregunta?

Una interrogante de una niña normal no tendría problemas, pero una de Selene implicaba serias reflexiones. No me equivoqué, al propiciar la aprobación con mi gesto comenzó la acometida.

– ¿Tú crees que Dios es imparcial?

En verdad, sabía por mis estudios en el colegio de curas de la omnipotencia de Dios, de la omnisciencia de Dios, la omnipresencia de Dios, hasta la la misericordia de Dios, pero en verdad, nunca le escuché a ningún fraile hablar de la imparcialidad de Dios. Incapaz de dar respuesta, no me quedó más remedio que utilizar el recurso de la repregunta ¿Y por qué me te planteas esa duda?

– Escúchame bien. Durante las catorce cruzadas, es decir durante las peleas entre cristianos y musulmanes, en oportunidades ganaban los discípulos de Cristo y en otras ganaban los infieles, tales como los curas llaman a los moros. Si el Dios cristiano y el Dios musulmán es el mismo pero con diferentes nombres ¿Por qué razón en una ocasión Dios se parcializaba por los cristianos y en  otras, por los musulmanes? Finalmente ganaron los mahometanos ya que los islamistas se quedaron con los lugares santos.

Ciertamente, como afirmaba un viejo profesor: el alumno más inteligente, en ciertas oportunidades, es aquel que formula las preguntas más sorprendentes. Hubiese preferido que Selene me hubiese interrogado sobre el nacimiento de los bebes, tal como pasaba con los impúberes del siglo pasado, pero, por fortuna, hoy tales indagaciones se resuelven vía Internet. Mi precoz damita permaneció silente por un tiempo lanzándole maní a nuestros ancestros. A pesar de no haberle dado respuesta a su interrogante, presagié que vendría otra no menos embarazosa. No me equivoqué:

– Escucha tío, actualmente siento mucha lástima por los niños árabes que mueren en los eternos enfrentamientos entre palestinos e israelíes. Sufro al ver cientos niños y niñas musulmanes asesinados por las bombas disparadas por los partidarios de Yahveh. Si el Dios de los mahometanos es el mismo que el Dios de los hijos de David, entonces pareciera que Yahveh  siempre se parcializa por los soldados que asesinan más gente y sobre todo, a los más pequeños. ¿Será que Dios juzga con parcialidad?

Continué mirando los monos con la certeza de que los primates no tenían problemas religiosos porque estos, más inteligente que los humanos, no habían inventado dioses de ningún tipo. Lo único que se me ocurrió decirle a Selena, no como respuesta sino a manera de reflexión:

– Mira sobrina, las cosas de Dios son muy complicadas, cuando crezcas seguro que hubieses preferido vivir como aquella monita.

Le mostré una pequeña y linda primate que permeancia apersogada a su madre sin ningún tipo de preocupaciones celestiales. Los primates permanecían en la expectativa para atrapar el maní. 

 


Dudas teológicas

Escrito por notengodios 31-08-2014 en Cuento. Literatura. Comentarios (0)

Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

En una oportunidad salí a pasear con mi sobrina Selene,  ese día fue muy especial, dado los acontecimientos inesperados. Ambos, con una barquilla en la mano, caminamos hacia otro lugar de la plaza donde se exhibía una virgen. Como son tantas y como no soy lego en eso de la religiosidad desconocía el nombre y el apellido de la misma. Nos paramos, uno al lado del otro, disfrutando del manjar. Frente a la imagen estaba una niña de unos siete años mirando fijamente la escultura; la madre, con rostro de devota, la contemplaba con mirada hipnotizada. La progenitora de la chica se prosternó frente aquella, en oración de contrición por los pecados cometidos. Terminada la jaculatoria la niña con cara extrañada preguntó:

  – Mamá una pregunta ¿en el cielo hay una monarquía?

  Tanto la madre, Selena y yo, disfrutando de las barquillas, nos extrañamos de la interrogante. Aquella me miró en espera de mi ayuda y ante mi indiferencia, respondió.

  – Ay mi amor, qué preguntas son esas. El cielo es el cielo

  – Te lo preguntaba, porque la monja catequista nos dice que Dios es el Rey de los Cielos. Además, fíjate bien, la virgen tiene una capa y una corona como las reinas de los cuento de hadas.

  No solo la madre estaba extrañada, yo y supongo que Selene, deseábamos que la barquilla no se acabara para escuchar la próxima pregunta. Sabía que vendría otra.

  – Mamá, por qué la virgen es virgen si tuvo a Jesús y a sus hermanos. ¿Cómo me explicas su castidad? Después de nacer yo ¿tú seguiste siendo virgen?

  <<¡Demonios!>> pensé yo. Será que el celular o el Internet son los responsables del portento de esta niña. Reconocí el rubor de la madre y esta azorada respondió:

  – No sé mi amor, pregúntale esas cosas a tu monja doctrinaria para que te explique esas cosas tan complicadas. Yo de virgen no tengo ni el nombre, pues este no está registrado en el santoral.

  Cuando pensé  todo concluido en materia teológica y con el resto del piquito de la barquilla en la mano, escuché.

  – Mami, si aquí hay libertad de culto ¿por qué colocan una virgen en un lugar público? ¿Entonces podrán instalar también una estatua de Confucio o de Buda? Por vía Internet me enteré que en los colegios franceses prohibieron los crucifijos en los salones de clase.

  – Yo que sé mi amor, esa pregunta tendrás que dirigirla a la Asamblea Nacional o a la ONU. Yo ignoro ese tema.

  Ciertamente la pregunta era de gran interés y cuya respuesta debían darla las autoridades del país. Finalmente la chica sentenció:

  – Mamá tú eres una idolatra ¿no son así como se le llama a las personas que se arrodillan ante a los ídolos de yeso? Esa virgen parece estar hecha de ese material.

  Me zampé el pico de la barquilla por el gaznate, quedándome un agradable dulzón en el paladar y seguro, un sabor amargo en el de mi vecina, quien se conformó con responder: 

  – Vámonos a casa mi amor, le voy a decir a tu padre que no te deje viajar más por Internet. Me vas a volver loca con tus preguntas.

  Permanecí meditabundo por algún tiempo, porque vislumbraba que Selene no iba permanecer callada. En verdad no me equivoqué. Después de paladear la punta del cono de la barquilla, con una voz muy melindrosa, expresó:

  – Tío ¿Cómo se llaman a las mujeres casadas que tienen un hijo con un hombre que no es su marido?

No sabía si ese tema era propio de una niña de doce años, pero como el mundo cambiaba a pasos agigantados y yo, que de mojigato no tengo un pelo, le contesté:

  – Se le llaman infieles Selene.

  Sabía que luego de esta respuesta vendría alguna reflexión o una nueva pregunta. Esperé con resignación:

  – Entonces la virgen María fue una mujer infiel, pues estando casada con José tuvo a Jesús, un hijo de Dios.

Permanecí callado, no la contradije, con la seguridad que mis argumentos terrenales no explicarían el comportamiento libidinoso de un ser omnipotente.