Blog de notengodios

Literatura

El cojo de bagdad

Escrito por notengodios 22-09-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)

Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Hay inopinadas circunstancias que deciden la inmortalidad de un epíteto, éste se convierte un gran aporte a quien lo lleva. Es el caso del Manco de Lepanto, tal apodo lo mereció Cervantes por la pérdida de la mano en la batalla de Lepanto contra los moros. Tal reflexión me vino mientras conversaba con el cojo Manrique en un bar situado en Barcelona, la ciudad condal. Un puertorriqueño, poeta y escritor, quien quizás nunca conseguiría la relevancia del autor de Don Quijote. Me contó el puertorro que perdió la pierna durante la invasión a Bagdad, pertenecía a un contingente enviado por el gobierno de los EEUU para combatir el terrorismo y consolidar la democracia en el oriente medio. De ese combate, debido a las esquirlas de una granada, sólo le quedó una pierna menos, la afición a las drogas, la perdida de la novia, el desarraigo familiar, la separación de la patria y una profunda arrechera. Cuando regresó a su patria con una pierna descubrió que altos funcionarios del gobierno eran socios de empresas petroleras, otros accionistas de fábricas de armas, muchos de ellos hacían buenos negocios con los pertrechos de guerra vendidos al gobierno y ninguno de ellos tenía un hijo luchando en el campo de batalla. Después de tragarse el resto de un trago de vermut exclamó con furia.  – Al carajo el patriotismo, eso nunca me devolverá mi pierna –. Al cojo de Bagdad lo vi alejarse, renqueando, dado la prótesis que lo ayuda a superar la decepción. Evoqué durante su alejamiento las cinco mil víctimas norteamericanas y el millón de muertos iraquíes en una invasión fundamentada  en una  mentira  y la maldad de unos funcionarios.


LA VOLUNTAD DE DIOS

Escrito por notengodios 03-09-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)

Enoc Sánchez 

enocsa_@hotmail.com

A Micaela Salazar la conocí en un dispensario mientras realizaba un trabajo de investigación sobre los partos múltiples. Durante la conversación me habló de los padecimientos, consecuencia de sus numerosos hijos, catorce en total. Por tal razón acudía al consultorio para tratarse las enfermedades propias de las mujeres paridoras; las tenía todas: un prolapso, osteoporosis, alopecia, pérdida de los dientes,  sequedad de la piel y alteración del sistema nervioso. Pero eso no era todo, la pobre hablaba con una resignación impensable. Tres de sus hijos estaban presos por robo, a dos de ellos lo mataron en un atraco, dos de sus hijas abandonaron la casa familiar y se dedicaron a la prostitución, una hembra y un varón padecen de miringitis sin poderse levantar de la cama, otro anda huyendo acusado de tráfico de drogas, tres de los menores se fueron y nunca supo de ellos. El último, el benjamín, se metió a un seminario para buscar una  explicación a las afirmaciones que tantas veces profirió la resignada. – Tuve los hijos que Dios me mandó, esa fue Su voluntad –.  Fue entonces cuando recordé la famosa encíclica papal, Humanae Vitae que prohibía el uso de todo tipo de anticonceptivos.


Las incongruencias de la vida

Escrito por notengodios 27-08-2014 en Cuento. Cultuura general. Comentarios (0)

Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

En verdad, los niños, aparte de proporcionarnos grandes satisfacciones, en oportunidades nos maravillan con sus preguntas. Esto lo digo por una experiencia vivida en la cola de un cine cuando Selene, mi sobrina, y yo nos disponíamos a ver una película. Delante de nosotros estaba una joven señora con sus hijos, una  niña muy pizpereta y un varoncito indagador. El rato antes de entrar a disfrutar del espectáculo transcurrió de la siguiente manera: 

  – Mami ¿los ángeles son aves?

  – ¿Por qué preguntas esas cosas hijo? – respondió la madre con rostro perturbado y evidentemente extrañada.

  – Digo yo, si tienen alas deben volar como los pájaros.

  Internamente sonreí ante tal ocurrencia que no dejaba de tener sentido; observé Selene mostrando interés en la conversación ajena. Pero la hermanita no se quiso quedar atrás y sentenció:

  – Mami, los angelitos son unos enfermos, nunca crecen. Dime ¿los angelitos son hembra o varón? y si están en la Tierra ¿para qué necesitan alas?

  – Niña, deja los ángeles quietos y ocúpense de lo terrenal.

  Craso error, daba la impresión, según juzgué, los niños también tenían preocupaciones terrenales.

  – Mamá ¿por qué si la Educación trasforma a los hombres, hay médicos, abogados, ingenieros y profesores  delincuentes?

  No cabía duda, más terrenal no podía ser la pregunta.

  – Niño eso es un problema de la Justicia, no es mío y mucho menos tuyo.

  No podía creer lo que estaba hurgando en la conversación ajena. La niña, quien estaba atenta a las palabras de su hermano no quiso quedarse atrás.

  – Mamá, si los curas son castos ¿Por qué el padre Rodolfo abrasa fuertemente a las niñas de la secundaria y a nosotras, las de tercer grado,  ni nos mira?

  Parecía haberse establecido una competencia, el niño también aprovechó el momento:

  – Mami, España, la madre patria, fue una mamá maligna. Tan sólo una señora así mataría a sus  propios hijos, es decir,  a los indígenas. ¿No te parece?

  La pobre señora estaba al borde de la desesperación, sólo le quedó  exclamar:

  – Porque mejor se callan, no me atormenten con esas preguntas. Esas cosas son incongruencias de la vida.

  Como ya estábamos cerca de la taquilla me perdí de la continuación del interrogatorio. Fue entonces cuando adiviné que Selene tenía guardada lo suyo.

  – Tío ¿si Dios fue el padre de Jesús y lo quería tanto, por qué lo condenó a morir por los pecados ajenos mucho antes de nacer?

Ciertamente, al igual que la señora, ante una pregunta inesperada no tenía la respuesta a la mano, solo se me ocurrió decirle:

  – Quizás eso es parte de los misterios de la religión y por lo tanto no tienen explicación.

  Creí dar por terminado el interrogatorio, pero la curiosidad de los niños es más fuerte que el acero. La indagación infantil no paró.

  – Tío, ¿por qué, si los adultos tienen más experiencia y saben más que los niños, en algunas ocasiones no tienen respuestas a ciertas preguntas?

  En verdad, en el mundo ocurren cosas que a veces es difícil encontrarles una explicación racional. Preferí tomar para mí frases ajenas:

  – Selene, esas cosas forman parte las  incongruencias de la vida.