Blog de notengodios

Literatura

El futuro

Escrito por notengodios 29-12-2015 en Literatura. Comentarios (0)

  Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Ayer me dijiste que hoy, hoy me dices que mañana y el mañana… no sé si existirá.


El ambientalista del año

Escrito por notengodios 30-08-2015 en Literatura. Comentarios (0)

enocsa_@htmail.com

Me sorprendí cuando lo vi en el espectáculo por la televisión. Un lujoso auditorio atiborrado de hombres y mujeres elegantes, representantes de las estirpes dueñas del dinero, aplaudiendo profusamente hasta enrojecer las palmas de las manos. Los vítores y las alabanzas reforzaban el ánimo del hombre parado en el paraninfo recogiendo el galardón como el ambientalista del año. Se trababa del accionista mayoritario de la fábrica de automóviles; recibía la recompensa por sus actuaciones por el mantenimiento y conservación del ambiente. Algo extraño, para esas empresas responsables de la polución y del calentamiento global del planeta. Cosa de los ricos. No me sorprendería si dentro de poco le concedieran el Premio Nobel de Literatura  a un connotado ágrafo.


El pueblo elegido

Escrito por notengodios 01-08-2015 en Literatura. Comentarios (0)

Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

  –  Israel es el pueblo elegido por Jehová – siempre lo decía un judío amigo mío. Quizás, por eso, Palestina es el pueblo olvidado de Dios.


Enigma

Escrito por notengodios 29-06-2015 en Literatura. Comentarios (0)

Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Mi abuela siempre decía – existen gobiernos perversos porque los malos hacen  bien sus maldades y los buenos, según parece, no saben hacer el bien.


La Pacha Mama

Escrito por notengodios 09-06-2015 en Literatura. Comentarios (0)

Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Cierta vez me encontraba en el parque Miranda descansando de mis actividades rutinarias buscando mi tranquilidad en la grandiosidad de la sabia naturaleza. Por fortuna llegué muy temprano y el ambiente era bastante solitario…algo silvestre. Se escuchaban una bandada de guacamayas retornando de algún lugar de la ciudad,  sus graznidos me llenaron de gozo, así como el canto de otras aves que anunciaban un alba acogedora. Me hallaba sentado disfrutando de los agradables aromas y las llamativas tonalidades de la flora del inmenso jardín de recreo. Mientras me regocijaba del estado de éxtasis la voz de una niña interrumpió mi embeleso.

  – Buenos días señor, me llamo Angélica, perdóneme que le interrumpa su tranquilidad ¿Me permite una pregunta?

  Me sorprendió la inesperada perturbación de mi reposo por parte de una linda niña de uno diez años. Cuando miré los hermosos ojos negros de Angélica y por su avidez marcada en el rostro por recibir mi consentimiento, no me quedó más que acceder. Después de mi gesto de aprobación con una sonrisa, esperé la pregunta.

  – Señor dígame la razón del uso término la Madre Tierra y no el de  Padre Tierra.

  Aguardé un momento para buscar en mi mente una respuesta adecuada que subsanara la duda de la niña. Después de escuchar el encantador canto de un Cristofué, respondí:

  – Por lo general, en el reino animal las hembras son las encargadas de velar por la alimentación de sus cachorros. Primero entregándoles la leche proveniente de sus pechos y luego los enseña a cazar, como en el caso de las leonas y las tigresas, hasta que puedan valerse por sí mismo. Así mismo ocurre con los humanos, las madres se encargan de la alimentación de los niños desde bebé, luego les dan de comer con sus manos hasta que estén más crecidos y puedan hacerlo por su propia cuenta. Quizás de allí viene el término la Madre Tierra, de la cual provienen todos los alimentos que nos sustenta para vivir y crecer en armonía.

  La niña se mantuvo silente durante un tiempo y luego me planteó una nueva interrogante.

  – ¿Y desde cuando la Madre Tierra está alimentado a los seres humanos?

  Una bandada de pericos de color verde intenso engalanó el cielo e interrumpió la paz bucólica del parque, tiempo que aproveché para buscar la respuesta a la incógnita.

  – El hombre apareció en nuestro planeta hace más o menos 200 mil años, una vez que el humano caminó sobre la Tierra se alimentaba de la caza de animales y de la pesca. Cuando observó a ciertos animales y aves comer el fruto de los árboles amplió su menú. Pasado miles de años los hombres primitivos descubrieron la agricultura  y se hicieron sedentarios, consiguiendo  parte de sus alimentos de los productos provenientes de la siembra y también de la caza.

  – Pero mi mamá también nos compra ropa y  nos ofrece un techo para protegernos de la intemperie.

  Angélica parecía interesare de nuestro diálogo, armonizado con los trinos de las bandadas de pájaros que de vez en cuando pasaban por el cielo azul que abovedaba el parque.

  – Ciertamente, la Madre Tierra no te compra la ropa, pero hace miles de años le suministró a los niños, adultos y ancianos pieles de animales para su abrigo. Además, la sabia naturaleza le entregó y todavía hoy le entrega a los humanos madera, roca y arena para constituir sus casas. Por fortuna, ya no es necesario cazar animales para quitarle la piel, actualmente existen ciertas plantas que  proveen fibras para confeccionar ropas y además, materiales sintéticos derivados de petróleo para fabricar zapatos, chaquetas y maletas. Hasta los excrementos de los elefantes, camellos y búfalos sirven de combustible y para construir casas. Todo eso extraído de la madre naturaleza o la Madre Tierra.

  La  atención de la niña no disminuía y parecía interesante la preocupación de Angélica por el contaminado planeta.

  – Señor, de su conversación deduzco que los humanos debemos estar agradecido por los elementos que nos provee la Madre Tierra o la naturaleza.

  – Fíjate bien, la  Tierra subsistió en el Universo durante miles de millones de años sin la presencia de los seres humanos, pero los humanos nunca podrán vivir sin este planeta. Los antiguos incas llamaban a la Madre Tierra la “Pacha Mama” a la cual, actualmente, los herederos de aquellos pueblos originaros veneran con devoción.

  Supuse que Angélica estaba por partir, dado que se levantó del asiento y antes de despedirse comentó:

   – Señor, ahora comprendo,  nuestra obligación de preservar los bosques, los ríos, los mares, la flora y la fauna de la Pacha Mama,  hasta el aire que respiramos deberíamos mantenerlo puro.  Sin sus bondades la generación que viene después de nosotros no tendrá donde vivir. 

  Angélica me dio un beso en la mejilla en agradecimiento por responder a sus inquietudes. Una nueva bandada de pericos pasó por el lugar como para despedirla del parque con una sonora algarabía. Por suerte, un sol resplandeciente iluminaba el parque Miranda que me calentaba mis gastados huesos. Así permanecí durante un rato pensando en Angélica y el futuro de la humanidad.