Blog de notengodios

Cuento breve

Dios, yo te perdono

Escrito por notengodios 12-10-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)

  Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

No profeso ninguna religión, me declaré ateo hace mucho tiempo,  pero es indiscutible, el legado artístico  de las religiones. Las catedrales,  mezquitas, pagodas, sinagogas, estupas…tanto en su parte externa como en la interna tienen elementos de artes dignos de conservar para el deleite de las generaciones futuras. Cierta vez,  en una de mis viajes por España, cuando me encontraba caminado por Barcelona, decidí entrar a la Catedral Santa María del Mar una hermosa iglesia gótica catalana. No me importaba el servicio de la misa, sólo deseaba regocijarme con las hermosas obras de creación ubicadas dentro de la iglesia. Por fortuna estaban ofreciendo la misa en español y no en el idioma de la región. Sólo atiné escuchar cuando el sacerdote desde el pulpito sermoneó:

  – Deben pedirle perdón a Dios por el pecado de la lujuria, por la gula, por las tentaciones del diablo difícil de vencer, por la poca colaboración de ustedes para el mantenimiento de este sacro monumento, por los malos pensamientos, por sus malos hábitos, por la codicia por el dinero….

  El clérigo iba a continuar con los perdones cuando un joven irreverente lo interrumpió, se paró con un megáfono  debajo de púlpito y comenzó arengar:

  – Padre, yo perdono a Dios por haberme hecho tan imperfecto: por las calamidades a las que somete a los hombres, mujeres y niños del planeta; por haberme hecho tan débil ante las sabrosas tentaciones; por no haber detenido nunca las muertes durante las guerras interminables del planeta, el crimen, la violencia y por lo tantos sufrimientos. Por eso padre…yo perdono a Dios...por favor, llévele mi mensaje

  Hubo un murmullo entre los feligreses, parecía que algunos estaban de acuerdo con el joven insolente y el hombre del púlpito sentenció:

  – Eso es una blasfema.

  El mozo algo desfachatado agarró el altavoz y expresó  convencido:

  – Padre, yo no creo en Dios, y quien no cree no puede blasfemar.

  Antes que lo fueran a echar de la casa de Dios el joven se retiró tranquilamente.


El cojo de bagdad

Escrito por notengodios 22-09-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)

Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Hay inopinadas circunstancias que deciden la inmortalidad de un epíteto, éste se convierte un gran aporte a quien lo lleva. Es el caso del Manco de Lepanto, tal apodo lo mereció Cervantes por la pérdida de la mano en la batalla de Lepanto contra los moros. Tal reflexión me vino mientras conversaba con el cojo Manrique en un bar situado en Barcelona, la ciudad condal. Un puertorriqueño, poeta y escritor, quien quizás nunca conseguiría la relevancia del autor de Don Quijote. Me contó el puertorro que perdió la pierna durante la invasión a Bagdad, pertenecía a un contingente enviado por el gobierno de los EEUU para combatir el terrorismo y consolidar la democracia en el oriente medio. De ese combate, debido a las esquirlas de una granada, sólo le quedó una pierna menos, la afición a las drogas, la perdida de la novia, el desarraigo familiar, la separación de la patria y una profunda arrechera. Cuando regresó a su patria con una pierna descubrió que altos funcionarios del gobierno eran socios de empresas petroleras, otros accionistas de fábricas de armas, muchos de ellos hacían buenos negocios con los pertrechos de guerra vendidos al gobierno y ninguno de ellos tenía un hijo luchando en el campo de batalla. Después de tragarse el resto de un trago de vermut exclamó con furia.  – Al carajo el patriotismo, eso nunca me devolverá mi pierna –. Al cojo de Bagdad lo vi alejarse, renqueando, dado la prótesis que lo ayuda a superar la decepción. Evoqué durante su alejamiento las cinco mil víctimas norteamericanas y el millón de muertos iraquíes en una invasión fundamentada  en una  mentira  y la maldad de unos funcionarios.


ACERCAMIENTO A CRISTO

Escrito por notengodios 17-09-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)

  Enoc Sánchez

enocsa@hotmail.com

La historia de Herminia Navarrete es verdaderamente triste. Su hija se casó con un armenio y tal como éste, ella se convirtió en Testigo de Jehová y en vegetariana. Una vez que la joven tuvo el primer hijo, la bisoña madre no le suministraba al niño la comida adecuada, dado el régimen a la que estaba sometida ella y su marido; allí comenzaron los reclamos de Herminia. El marido abandonó por un tiempo a su esposa e hijo y pasado dos años regresó arrepentido. En el ínterin del reconcilio tuvieron una niña. Tal como lo hicieron con en el primero retoño, ambos fervientes de Cristo descuidaron la alimentación de los vástagos, ante la preocupación y los reclamos de Herminia. El mayor tiempo se lo dedicaban a la oración en la Iglesia  buscando de la aproximación al Cristo Salvador. Durante varios meses su madre observó preocupada que los esposos macilentos permanecían en un extraño estado de aletargamiento y consunción, como bajo la influencia de un poderoso narcótico. Cierta vez, cuando Herminia llegó de compras, encontró a los cónyuges ahorcados pendiendo de una soga en la terraza de su casa. Un papel escrito dejaban las razones de tal determinación: “Nos alejamos de este mundo miserable para aproximarnos al elevado reino de Cristo”. Evidentemente,  la pareja se acercó al Hijo de Dios y se separó de dos niños, dejándolos en total orfandad. 


La imparcialidad de Dios

Escrito por notengodios 10-09-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)


Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Cierta mañana de frescor agradable me dispuse a llevar a mi sobrina Selene al parque zoológico. Luego de comprarle una bolsa de maní nos colocamos frente a sector donde estaban los monos disfrutando del clima agradable. No solo la niña se divertía lanzando los cacahuetes que los primates atrapaban magistralmente, yo también me solazaba al comparar el comportamiento de los simios con el de los humanos. Distinguí a uno de ellos, al más fortachón, fanfarroneando en su papel de jefe de la manada y una mona que cariñosamente le prodigaba a su monito tiernas caricias, similar a como lo hiciera una madre humana. Todo marchaba con tranquilidad hasta que adiviné que la naturaleza no fue generosa al proporcionarles a las niñas precoces una inteligencia fuera de lo común. Esto ocurrió cuando una frase interrumpió la euritmia del parque:

– ¿Tío te puedo hacer una pregunta?

Una interrogante de una niña normal no tendría problemas, pero una de Selene implicaba serias reflexiones. No me equivoqué, al propiciar la aprobación con mi gesto comenzó la acometida.

– ¿Tú crees que Dios es imparcial?

En verdad, sabía por mis estudios en el colegio de curas de la omnipotencia de Dios, de la omnisciencia de Dios, la omnipresencia de Dios, hasta la la misericordia de Dios, pero en verdad, nunca le escuché a ningún fraile hablar de la imparcialidad de Dios. Incapaz de dar respuesta, no me quedó más remedio que utilizar el recurso de la repregunta ¿Y por qué me te planteas esa duda?

– Escúchame bien. Durante las catorce cruzadas, es decir durante las peleas entre cristianos y musulmanes, en oportunidades ganaban los discípulos de Cristo y en otras ganaban los infieles, tales como los curas llaman a los moros. Si el Dios cristiano y el Dios musulmán es el mismo pero con diferentes nombres ¿Por qué razón en una ocasión Dios se parcializaba por los cristianos y en  otras, por los musulmanes? Finalmente ganaron los mahometanos ya que los islamistas se quedaron con los lugares santos.

Ciertamente, como afirmaba un viejo profesor: el alumno más inteligente, en ciertas oportunidades, es aquel que formula las preguntas más sorprendentes. Hubiese preferido que Selene me hubiese interrogado sobre el nacimiento de los bebes, tal como pasaba con los impúberes del siglo pasado, pero, por fortuna, hoy tales indagaciones se resuelven vía Internet. Mi precoz damita permaneció silente por un tiempo lanzándole maní a nuestros ancestros. A pesar de no haberle dado respuesta a su interrogante, presagié que vendría otra no menos embarazosa. No me equivoqué:

– Escucha tío, actualmente siento mucha lástima por los niños árabes que mueren en los eternos enfrentamientos entre palestinos e israelíes. Sufro al ver cientos niños y niñas musulmanes asesinados por las bombas disparadas por los partidarios de Yahveh. Si el Dios de los mahometanos es el mismo que el Dios de los hijos de David, entonces pareciera que Yahveh  siempre se parcializa por los soldados que asesinan más gente y sobre todo, a los más pequeños. ¿Será que Dios juzga con parcialidad?

Continué mirando los monos con la certeza de que los primates no tenían problemas religiosos porque estos, más inteligente que los humanos, no habían inventado dioses de ningún tipo. Lo único que se me ocurrió decirle a Selena, no como respuesta sino a manera de reflexión:

– Mira sobrina, las cosas de Dios son muy complicadas, cuando crezcas seguro que hubieses preferido vivir como aquella monita.

Le mostré una pequeña y linda primate que permeancia apersogada a su madre sin ningún tipo de preocupaciones celestiales. Los primates permanecían en la expectativa para atrapar el maní. 

 


LA VOLUNTAD DE DIOS

Escrito por notengodios 03-09-2014 en Cuento breve. Comentarios (0)

Enoc Sánchez 

enocsa_@hotmail.com

A Micaela Salazar la conocí en un dispensario mientras realizaba un trabajo de investigación sobre los partos múltiples. Durante la conversación me habló de los padecimientos, consecuencia de sus numerosos hijos, catorce en total. Por tal razón acudía al consultorio para tratarse las enfermedades propias de las mujeres paridoras; las tenía todas: un prolapso, osteoporosis, alopecia, pérdida de los dientes,  sequedad de la piel y alteración del sistema nervioso. Pero eso no era todo, la pobre hablaba con una resignación impensable. Tres de sus hijos estaban presos por robo, a dos de ellos lo mataron en un atraco, dos de sus hijas abandonaron la casa familiar y se dedicaron a la prostitución, una hembra y un varón padecen de miringitis sin poderse levantar de la cama, otro anda huyendo acusado de tráfico de drogas, tres de los menores se fueron y nunca supo de ellos. El último, el benjamín, se metió a un seminario para buscar una  explicación a las afirmaciones que tantas veces profirió la resignada. – Tuve los hijos que Dios me mandó, esa fue Su voluntad –.  Fue entonces cuando recordé la famosa encíclica papal, Humanae Vitae que prohibía el uso de todo tipo de anticonceptivos.