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Dios está descansando

Escrito por notengodios 16-08-2014 en Cultura general. Comentarios (0)


Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Algo que se siempre me ha movido la curiosidad es la cantidad de dioses y diosas que han existido en la humanidad a lo largo de toda la geografía planetaria. En algunos casos no solo adoraban a una sola deidad sino a varias de ellas, con el afán de apaciguar la ira de la naturaleza, les calmaran los dolores y las penas a sus feligreses.

Por ejemplo, podemos destacar en la mitología griega a Afrodita, Apolo. Ares, Helio, Hera, Hefesto, Zeus, Atenea, etc. Los dioses egipcios se repartían el trabajo entre varias divinidades: Anubis, Atum, Bast, Khepry, Mont, Osiris, entre tantos de los dedicados a las actividades piadosas. Los escandinavos no se quedaron atrás en la búsqueda de soluciones imposibles a través de los omnipotentes; podemos destacar a: Aegir, Baldur, Freya, Frigg, Thor,Odin. etc. El hinduismo tiene todopoderosos hasta para importar entre los cuales debo señalar: Agni, Brahma, Ganesh, Kali, Shiva, Vishnu, etc. Los chinos parecen ser poco espléndidos en eso de buscar a seres omnipotentes para que le solucionen sus dificultades, vale la pena incluir a Suzaku, Byakko, Gembu y Seiryu.  Los altares  finlandeses fueron profusos, en tales tabernáculos se les rendía culto a Ukko, Ruani, Tappio, Pekko, Ahti entre tantos retablos ante los cuales asistían los devotos para reverenciarlos. Me parece que los aztecas competían con los egipcios en eso de las deidades; numerosos fueron los dioses y diosas, con sus propios compromisos, a los cuales acudían los creyentes en la búsqueda de la que nunca encontraban, vale destacar Chiuacoalt, Huitzilopochtli, Mayahuel, Quetzálcoalt, Xochipilli, entre varios de difícil escritura en español y supongo, de difícil pronunciación. Parece que los guaraníes radicados en Paraguay, Brasil y Bolivia no fueron dados a buscar divinidades, solo encontré a Abbangui y a Jurupari. Los yorubas, de la cultura negra africana tienen muchos fieles que le rezan a numerosas deidades;  puedo señalar a: Aja, Ashu, Oba, Odudua, Chango, Yemayá; varios de ellos  fueron trasladados a los pueblos caribeños y suramericanos. Imposible seguir enumerando los diferentes dioses y diosas que colmaron las diversas culturas religiosas de innumerables pueblos del planeta, con la finalidad de calmar la ira de la naturaleza y curar las enfermedades que arrasaban con la población.

Cuando el mundo occidental se hizo monoteísta fueron desaparecieron una gran parte de los dioses conocidos y solamente predominaron tres nombres: Alá para la religión musulmana, Yahvé o Jehová para la religión judía y simplemente Dios para los cristianos. Se dice que son las tres religiones modernas y  dejan de lado el hinduismo, el confusionismo, el budismo y el sintoísmo profesados por miles de millones de personas.

Lo más extraño de todo lo anterior es que los dioses nacen y mueren, tal como los pobres mortales. Dominan por una temporada, por lo general, durante el tiempo que los impone un imperio y luego mueren. Finalmente su representación escultórica queda para ser criticadas en algún museo, o en el jardín de un palacio o mancillados por los distritos de las gallinas puercos en algún patio olvidado. Lo más sorprendente de todo esto, es  que los problemas de la Tierra, en vez de disminuir, han aumentado. Los terremotos no dejan de destruir parte de poblaciones, las epidemias cambian de nombre pero siguen asolando la población, las tormentas no dejan casas ni edificios parados, los hombres, los pobres mortales, no han dejado de cometer tantos pecados veniales como  mortales, a pesar de la ira de Dios o de los dioses; las guerras no paran, la mortalidad infantil sigue siendo un problema, y las  hambrunas y su fatales consecuencias no es cosa del pasado, es cuestión del presente. Todavía la gente se muere de hambre a pesar de los gastos en armas de los países más poderosos económicamente.  El mundo cada día se hace más inhabitable consecuencia de los abusos ambientales por parte de los humanos, sin embargo, la gente se aferra a Dios para que la divinidad resuelva los problemas.

Recuerdo una oportunidad  durante un paseo con mi sobrina Selene por un hermoso parque. Mientras conversábamos animadamente sobre la belleza del lugar la niña me hizo una pregunta:

 – Tío, tú que has estudiado y has vivido más que yo debes saber sobre muchas cosas.

Me dio risa la disertación de Selene, dado que los humanos ignoramos mucho más de lo que sabemos, dado que en nuestra corta vida, un suspiro histórico, muy poco es de lo que podemos enterarnos. Con el fin de mitigar mi curiosidad esperé alguna precoz interrogante a la que me tenía acostumbrado.

 – ¿Cuál es la edad del sistema solar?

Me extrañó su preocupación y no tuve más que responder.

– Selene, no existe una edad real del universo, solo se tiene aproximaciones y cada vez los científicos revelan nuevas cifras. La última que conozco es de más o menos cuatro mil quinientos millones de años.

– Y eso es mucho tiempo.

Sabía que mi sobrina, a pesar de su precocidad, no le cabía en su cabecita esa cifra tan enorme. A manera de ejemplo le contesté:

 – Imagina paradas frente a ti a cuatro mil quinientas personas y detrás de cada una de ellas un millón de individuos. Es bastante, mucha gente.

Selene dirigió su mirada hacia el cielo, quizás intentando descifrar mi comentario. Una vez que supuse desvelada su curiosidad, continuó con el interrogatorio. 

 – Tío ¿Cuántos años tiene el Dios de los cristianos?

Si la primera pregunta me sorprendió, la segunda me asombró mucho más,  por fortuna, por ser un vicioso de la lectura conocía algo del tema.

– Si se toma el tema que el dios judío es el mismo dios de los cristianos y el mismo de los musulmanes, hay eruditos que afirman que desde la creación del judaísmo hasta esta fecha han transcurrido casi seis mil años.

Ciertamente todo el mundo suspira por que sus hijos sean precoces y en ciertos momentos, como este,  precocidad en una niña más que un anhelo se convierte en una impaciencia. En verdad, no esperaba la disertación de Selene.

– Bueno tío, según mi apreciación los dinosauros no conocieron a Dios.  Tampoco supieron de él los hombres, mujeres y niños que vivieron hace cincuenta mil años, entonces, si Dios siempre ha existido te pregunto ¿de qué de que se ocupaba Dios en ese tiempo?

Que le podía responder a Selene sobre un tema tan escabroso. Como no tuve un argumento convincente que fuera de su entendimiento, por los momentos, solo me quedó responderle:

 – Dios estaba descansando.

Recordé aquel paseo y la conversación que mantuvimos Selene y yo y mientras tecleaba este artículo y ante las funestas calamidades de la Tierra, solo logré atinar. "Parece que Dios todavía está descansando". 

   


De los pueblos, de las razas y de los hombres elegidos

Escrito por notengodios 11-08-2014 en Cultura general. Comentarios (0)

Enoc Sánchez

tolomeo286@gmail.com

“Habló Yahveh a Moisés en las estepas del Moab, junto al Jordán, frente a Jericó diciéndole; Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán hacia la tierra de Canaán, debéis arrojar de delante de vosotros a todos los habitantes del país, destruir todas sus imágenes, todas sus estatuas de metal fundido, y demoler todos sus lugares altos. Poseeréis la tierra y habitantes de ella, pues os las he dado para que la poseáis. Os la repartiréis a suerte, según vuestras familias….” Así fue cómo, dónde y cuándo comenzó la catástrofe mil milenaria.

Lo anterior es un párrafo del Viejo Testamento, en el capítulo Números, versículo 50 (Repartimiento de la tierra prometida). Esto nos muestra como una deidad sin condición natural y mucho menos jurídica, le arrebata a un pueblo sus tierras, les destruye sus templos y acaba con parte de su población, además, le entrega una comarca ajena a las tribus de Israel. Evidentemente, para aquella época no existían ni agrimensores ni teodolitos que dejaran en claro las demarcaciones de los territorios arrebatados. Simplemente Moisés dijo, esta vaina es de nosotros y así se quedó. Se había alcanzado la Tierra Prometida para entregarla al pueblo elegido por  Yahveh, un ente que ningún cananeo ni moabita habían visto ni oído jamás en su vida.

El anterior despojo fue de carácter bíblico y por ser un paradigma divino nadie podía inmiscuirse. Más de tres mil años después, la ONU, en el 1948, una entidad con respaldo jurídico y previa negociaciones acordadas con el gobierno británico en 1917, decide entregar el territorio de Palestina a Israel, una región que no era propiedad de esa empresa transnacional (ONU). Esta donación se hace  al pueblo judío en resarcimiento por el genocidio cometido por los nazis, un conflicto que nada tenía que ver con el pueblo árabe. Gran Bretaña abandona el protectorado y se lo  dona a Israel. ¡Qué mala leche la del pueblo palestino!  De esta manera los palestinos se vieron despojados de más del cincuenta por ciento de su territorio. Mientras tanto, Alemania (responsable principal de la hecatombe) y los países europeos, indiferentes ante la inmolación de los hijos de David, no cedieron ni un milímetro de sus geografía para la conformación del estado sionista. Vainas de la política internacional y de los negocios que hacen los gobernantes a escondidas de sus pueblos.  

No sólo Israel se autoproclamó como el pueblo elegido por Dios para recibir el mensaje divino, existen en EEUU algunas organizaciones cristianas que afirman que esta nación tienen una misión divina, como es la de promover los valores cristianos y de lucha contra los oponentes de los Estados Unidos.

Lamentablemente para la humanidad, no sólo existen pueblos elegidos, así mismo, también se sabe de las razas elegidas. Durante cientos de años los blancos se consideraron la raza elegida o la etnia elegida, tal como se refiere ahora. Es bueno recordar que durante la conquista española los intrusos estaban convencidos que los indios y los negros carecían de alma, dado que únicamente los blancos eran los poseedores de ese extraño adminículo etéreo, el alma, el cual se concentraba y se santificaba en algún lugar del cuerpo mediante el bautismo. Imposible olvidar que  los nazis daban por sentado que la raza aria era superior en inteligencia y pureza. Aseguraban que su misión en el planeta Tierra era sojuzgar a las demás razas “inferiores”. En verdad, con relación a los blancos,  juzgo que la cosa no cambió. Es notorio el desprecio que muchos níveos europeos sienten por los latinoamericanos, a tal grado que utilizan el despectivo de “sudacas” para referirse a nuestros compatriotas. Qué decir de los cultos blancos, ricos y cristianos estadounidenses, fundadores del kukuxklán, una hermandad creada para acabar con los negros y actualmente, tienen  el propósito de eliminar a los emigrantes suramericanos. No sólo por estos andurriales se percibe la discriminación étnica. Cómo olvidar la guerra entre los hutus y los tutsis en Burundi, África, un territorio donde los odios enraizados entre los dos pueblos desencadenaron una sanguinaria matanza alimentada por las empresas belgas, únicamente para manejar el negocio de los diamantes. Tampoco podemos dejar de lado la supuesta supremacía racial de los japoneses quienes dominaron y esclavizaron a los coreanos y chinos, en vista de que los nipones también se asumieron como la raza (etnia) privilegiada por una divinidad.

De los hombres escogidos por dios hay mucha tela que cortar. Podemos remontarnos a la época de los faraones del antiguo Egipto. La historia nos revela el carácter divino de estos gobernantes: o encarnaban algún dios o por lo mínimo, eran hijo de cierta deidad de las tantas que existieron en los territorios  bañados por el Nilo. La historia antigua griega nos relata que esta modalidad continuó y era frecuente encontrar a un gobernante hijo de dios o el más descastado, un semidiós, hijo de un(a) terrenal con un diosa (dios). El Imperio Romano no se quedó atrás en esta modalidad. Casi todos sus cónsules o emperadores tenían un carnet que los acreditaba como dios, es el caso de Julio César y Augusto (Octavio). Ambos exhibieron su credencial divina, certificada con la testa coronada con una rama de laurel. Como esta práctica se fue haciendo algo descarada, lo del carnet divino lo cambiaron por la del elegido, tal como el rey David. Este ungido, en connivencia con Jehová, reinó sobre el pueblo favorecido para llevar el mensaje divino. Hasta el mismo Jesús no se escapó de este recurso. Para darle un aura de misterio indescifrable a su nacimiento los profetas vaticinaron la llegada del hijo de Dios, con una particularidad: el avenido no sólo era el hijo, también era el padre y el mismo espíritu santo, los tres encarnados en una misma persona. Un triple y enigmático enredo.

Durante la Edad Media y parte del Renacimiento no hubo rey europeo que no fuera coronado por un obispo o un papa, en el entendido que dicho rey, el elegido, era investido por la divinidad de los católicos y gobernaría en nombre dios. Hasta los papas son ungidos por dios, dado que al final de la elección papal, durante el conclave, el espíritu santo le embadurna la cabeza al cardenal más votado. Será que, por su carácter divino o por  ser un empelado de confianza de Dios, es que el papa asume su papel. Por esta razón, al igual  como lo hizo Yahveh  con la tierra de Cannán, el papa Alejandro VI le concedió las tierras descubiertas y por descubrir del Nuevo Mundo a los reinos de la península ibérica (España y Portugal). Actualmente todavía persisten los gobernantes u hombres elegidos. Es el caso de G. W. Bush, quien en un momento de éxtasis divino conversó con Dios y este le envió un mensaje: tienes que bombardear y acabar con los pueblos árabes. Quizás el genocida Netanyahu es un enviado de Yahveh y su misión es continuar con la misión de Moisés, completar  el despojo de la ONU y poner en práctica la solución final del pueblo palestino. Es el procedimiento nazi-sionista para acabar con los hijos de Mohamed.   

¡Basta de pueblos, etnias y hombre elegidos! Dejemos a Dios hacer lo que le corresponde, como es la de captar y salvar las almas y no la de regalar tierras de manera divina, ni mucho menos obsequiarlas a través de sus ejecutivos terrenales de su confianza. La historia de la humanidad está llena de dioses, la mayoría de ellos han desaparecido y por desgracia, renacen otros. Al final, muchas de sus estatuas reposan en diversos museos, o en los jardines del algún palacio europeo, así como también, en un corral olvidado, manchadas por la pátina del tiempo o, en peor de los casos, afrentadas por los detritos de las gallinas y de los puercos.

Pareciera que Obama ocupa ahora el puesto de su colega Bush, demostrándole a   la humanidad que el premio nobel de la paz no es más que un amuleto de la mala leche para los pueblos del mundo. No soy racista, mucho menos antisemita dado el respeto que me merecen los hijos de David. Quiera dios, que es el mismo dios de los judíos, el de los cristianos y el de los islámicos, que las nuevas generaciones de palestinos nunca piensen que Hitler tenía razón. Si esto sucediera, la culpa de tal ignominia la tendrían Netanyahu y Obama, los nuevos los elegidos de dios.