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EL CONFERENISTA

  Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Alarico me contó que en cierta oportunidad debió dar una conferencia en un moderno y enorme auditorio sobre  “Ideas para fortalecer la autoestima de los individuos”. Cuál no sería su sorpresa que al encontrarse frente al numeroso público entró en pánico y de momento, todo lo que tenía en mente lo olvidó. Trató de iniciar con un “buenos días” pero a su magín bloqueado no le llegó una palabra para articular. Ante menudo inconveniente, por esos mecanismos inexplicables del cerebro, el hombre del paraninfo se puso a llorar de manera desconsolada. Los plañidos fueron escuchados con estupor por los presentes en el acto. Su sorpresa fue mayor cuando inesperadamente vio y escuchó los rostros desconsolados de los asistentes y los gemidos proferidos en voz alta por aquellos. Me contó el conferencista que ante tal espectáculo se sintió extrañado, impedido de tomar una decisión. Ciertamente, el cerebro busca caminos inexplicables para soslayar situaciones inopinadas de la cual él era protagonista. Repentinamente, ante tal extrañeza, su rostro azorado y lacrimoso pasó a uno exultante y comenzó a reír estentóreamente ante la visión inexplicable. De inmediato el público reaccionó ante el cambio imprevisto de humor del conferencista y tal como éste lo hacía, se escucharon en el auditorio estrepitosas carcajadas provenientes de los asistentes.  Alarico no entendió nada de lo sucedido, carente de una expectativa, del regocijo manifiesto pasó al susto y se puso de pie para abandonar el anfiteatro. En el momento de levantarse del asiento recibió una aclamación acompañada de eufóricos aplausos de los presentes en el auditorio, llenándolo de encomio y reconocimiento por su excelente intervención. 


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