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UN DÍSCOLO SACERDOTE

Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Cuando Martinita me contó la historia del padre Renginfo no puede esconder mi hilaridad. Resulta que el joven y apuesto párroco era famoso por sus homilías piadosas. Éstas las profería erguido en el púlpito de una lujosa y hermosa iglesia situada en una de las urbanizaciones de  clase alta de ciudad. Mi amiga, durante nuestra conversación, evocaba los responsos del religioso sobre la castidad, el pecado de la carne, la abstinencia antes del matrimonio,  la fidelidad, del pecado de la lujuria, del amor desprendido, criticaba los aspectos materialistas de la sociedad moderna, de la inconveniencia del acoso sexual,  de las obligaciones sacramentales, de los votos sagrados, del yerro de la masturbación, hasta condenaba las perversiones de algunos sacerdotes pederastas y de todo aquello que contravenía las leyes del Señor. La feligresía, mayoritariamente damas jóvenes,  acudían al templo los días sábados para entregarse en sagrada confesión, cumplir la  respectiva penitencia y recibir la indulgencia del vicario de Dios. Cuál no sería la sorpresa de los asistentes a la iglesia,  cuando el joven presbítero desde  la tribuna anunció en un sermón, a todo gañote,  su matrimonio con una joven perteneciente a una familia de dispendiosa fortuna.  Pasada la conmoción, se conoció del reclamo de varias señoritas de bien, quienes le entregaron su intachable castidad al díscolo sacerdote a cambio del perdón celestial. <<Seguramente el hijo del cura Rengifo sería sietemesino>>.  Un mal pasamiento se resbaló por mi pensadora. 


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