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SENTIMENTOS ADVERSOS


Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

–Tío ¿por qué la gente es tan complicada? Si es más fácil vivir en paz ¿por qué los adultos se empeñan en hacer la guerra?

  Estas fueron las palabras de mi sobrina Selene, muy cerca de la taquilla del cine para ver una película titulada “El final del planeta Tierra”. El argumento principal del film, así lo anunciaba el cartel de promoción, era el cataclismo que vivirán los terrícolas como consecuencia de la fabricación y el mercado desaforado de la venta armas.

  Yo, adaptado a un mundo donde todas las cosas se pueden comercializar, independientes de los males causados, le respondí:

  – Selene, las personas tienen que trabajar y las fábricas de armamentos generan empleos. De eso viven los países desarrollados. Si no existieran esas industrias esas economías se vendrían abajo.

  Como de costumbre, permanecí atento a la reacción de Selene. Siempre la esperaba cuando consideraba que el tema era interesante. Me pareció que no logré aclararle las dudas a la niña.

  – Yo discuto con mis amigos y amigas, pero al rato estamos contentos. No terminamos a golpes, siempre tenemos alguna razón para reconciliarnos. Los mayores nos hablan de las virtudes y los defectos, pero generalmente estas siempre vienen de a pares.

  Me pareció que en tal disertación había algo como extraño y esperé que la niña concluyera la idea.

  – Fíjate, a la violencia se le opone la paz; al amor, el odio; a la bondad, la maldad; a la amabilidad, la descortesía; a la valentía, la cobardía; a la paciencia, la ira; a la humildad, el orgullo; a la contención, la codicia; a la sencillez, la arrogancia; a la compasión, la indolencia; a la perseverancia, la pereza; a la incontinencia, la lujuria; a la habilidad, la torpeza; a la prudencia, la indiscreción y a la honradez, la deshonestidad. Si esto es así ¿por qué razón los adultos optan por los estados anímicos negativos?

  Para mi fortuna ya estaba cerca de la taquilla y la pregunta quedó en el aire. Entonces reflexioné en silencio y pensé en el amor, el altruismo, la compasión,  la paciencia, la generosidad, la humildad, la fraternidad, la buena educación, la serenidad, la honradez, etcétera y tantos estados anímicos positivos y nos empañamos por desarrollar el contrario. Quizás los niños viven en mundo más humano o acaso, más utópico que el de nosotros los adultos. 


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