Blog de notengodios

La imparcialidad de Dios


Enoc Sánchez

enocsa_@hotmail.com

Cierta mañana de frescor agradable me dispuse a llevar a mi sobrina Selene al parque zoológico. Luego de comprarle una bolsa de maní nos colocamos frente a sector donde estaban los monos disfrutando del clima agradable. No solo la niña se divertía lanzando los cacahuetes que los primates atrapaban magistralmente, yo también me solazaba al comparar el comportamiento de los simios con el de los humanos. Distinguí a uno de ellos, al más fortachón, fanfarroneando en su papel de jefe de la manada y una mona que cariñosamente le prodigaba a su monito tiernas caricias, similar a como lo hiciera una madre humana. Todo marchaba con tranquilidad hasta que adiviné que la naturaleza no fue generosa al proporcionarles a las niñas precoces una inteligencia fuera de lo común. Esto ocurrió cuando una frase interrumpió la euritmia del parque:

– ¿Tío te puedo hacer una pregunta?

Una interrogante de una niña normal no tendría problemas, pero una de Selene implicaba serias reflexiones. No me equivoqué, al propiciar la aprobación con mi gesto comenzó la acometida.

– ¿Tú crees que Dios es imparcial?

En verdad, sabía por mis estudios en el colegio de curas de la omnipotencia de Dios, de la omnisciencia de Dios, la omnipresencia de Dios, hasta la la misericordia de Dios, pero en verdad, nunca le escuché a ningún fraile hablar de la imparcialidad de Dios. Incapaz de dar respuesta, no me quedó más remedio que utilizar el recurso de la repregunta ¿Y por qué me te planteas esa duda?

– Escúchame bien. Durante las catorce cruzadas, es decir durante las peleas entre cristianos y musulmanes, en oportunidades ganaban los discípulos de Cristo y en otras ganaban los infieles, tales como los curas llaman a los moros. Si el Dios cristiano y el Dios musulmán es el mismo pero con diferentes nombres ¿Por qué razón en una ocasión Dios se parcializaba por los cristianos y en  otras, por los musulmanes? Finalmente ganaron los mahometanos ya que los islamistas se quedaron con los lugares santos.

Ciertamente, como afirmaba un viejo profesor: el alumno más inteligente, en ciertas oportunidades, es aquel que formula las preguntas más sorprendentes. Hubiese preferido que Selene me hubiese interrogado sobre el nacimiento de los bebes, tal como pasaba con los impúberes del siglo pasado, pero, por fortuna, hoy tales indagaciones se resuelven vía Internet. Mi precoz damita permaneció silente por un tiempo lanzándole maní a nuestros ancestros. A pesar de no haberle dado respuesta a su interrogante, presagié que vendría otra no menos embarazosa. No me equivoqué:

– Escucha tío, actualmente siento mucha lástima por los niños árabes que mueren en los eternos enfrentamientos entre palestinos e israelíes. Sufro al ver cientos niños y niñas musulmanes asesinados por las bombas disparadas por los partidarios de Yahveh. Si el Dios de los mahometanos es el mismo que el Dios de los hijos de David, entonces pareciera que Yahveh  siempre se parcializa por los soldados que asesinan más gente y sobre todo, a los más pequeños. ¿Será que Dios juzga con parcialidad?

Continué mirando los monos con la certeza de que los primates no tenían problemas religiosos porque estos, más inteligente que los humanos, no habían inventado dioses de ningún tipo. Lo único que se me ocurrió decirle a Selena, no como respuesta sino a manera de reflexión:

– Mira sobrina, las cosas de Dios son muy complicadas, cuando crezcas seguro que hubieses preferido vivir como aquella monita.

Le mostré una pequeña y linda primate que permeancia apersogada a su madre sin ningún tipo de preocupaciones celestiales. Los primates permanecían en la expectativa para atrapar el maní. 

 


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: